Después del asesinato del alto jefe militar iraní, el General Soleimani y la contundente respuesta-bofetada al imperio dada por las fuerzas armadas del país persa al bombardear dos bases yanquis en Irak, y la no ejecución de terroríficas represalias por parte del guapetón y hegemónico tío Sam, queda claro para todos en el mundo que una cosa es la realidad prefabricada burda o sutilmente año por año mediante todo el sistema de dominación cultural que tiene Estados Unidos de América que nos hacen ver a esa nación como la superpotencia invencible capaz de aplastar y atemorizar a aquellos que disientan de Washington.
Irán a sacudido y puesto las cosas en su lugar. El cambio es palpable, aunque a los cubanos les era visible por nuestra larga lucha contra su hegemonia, (desde que Martí murió en la lucha por impedir que la nación del norte nos tragara, hasta la actualidad, en que hace hasta lo imposible por subvertir y derrocar a la revolución que triunfó un primero de enero de 1959( a buena parte del resto del globo terraqueo le faltaba la bofetada iraní para darse cuenta que el gigante prepotente se le hace difícil sus apetencias imperiales cuando se enfrenta a pueblos que a pesar de no tener el tamaño ni los recursos o capacidades militares les sobra audacia, creatividad, ingenio, valor y conciencia clara y profunda de que se defiende la tierra donde uno nació al precio que sea necesario; y no me estoy refiriendo a China ni a Rusia, que le hacen contrapeso en la arena internacional, me refiero a Siria, Cuba, Nicaragua, Venezuela, a Irán, Corea del Norte, todos ellos de una manera u otra pertenecen a los pueblos que rodilla en tierra defienden la soberania y el derecho de existir de manera libres e independientes en la misma trinchera antimperialista.
Los acontecimientos en los primeros días del año 2020 demuestran lo que pueden los pueblos dispuestos a defender y ha labrar su propio camino sin miedo a apetencias imperiales.
La muerte de Soleimani no fué en vano, el presente nos atestigua que las épocas no son de unipolaridad, y que para que este mundo esté bien equilibrado, no pueden existir guapetones que disparen el revolver como en el viejo oeste americano, porque el vaquero se ha dado cuenta con incredulidad marcada vergonzosamente sus mejillas con un golpe inesperado, que ya no puede disparar a mansalva matando indefensos, sus manos serán cortadas y puede caer de su caballo para nunca jamás, volverse a levantar.


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