Entiendo a la contrarrevolución frente a un pueblo disidente de poderes imperiales.

Entiendo que es frustrante y doloroso, muy doloroso cuando una y otra vez los deseos de una minoría contrarrevolucionaria interna y fuera de Cuba, asalariada de poderes hegemónicos o mercenarios por cuenta propia chocan contra un pueblo decidido y convencido a defender su Revolución Socialista, al precio que sea necesario. Entiendo que como mismo nosotros; -la mayoría del pueblo-; que defendemos la independencia de Cuba y su soberanía (residiendo dentro o fuera del archipiélago) vean en el Comandante en Jefe como el artífice de todo lo logrado; agradecidos porque nos enseñó una conciencia social y política muy superior a la del resto del mundo (vital para enfrentar con éxito al sistema mediático hegemónico de manipulación global) por lo cual lo tenemos junto a nuestro apóstol de la independencia como las dos estrellas que nos guían como nación en tiempos malos o buenos; ustedes vean en el hombre que hizo real la revolución redentora su obstáculo eterno e insalvable de lograr sus sueños de una Cuba neocolonial, dependiente y sumisa del norte “revuelto y brutal que nos desprecia”, pero que a algunos les encanta hasta la saciedad. Entiendo sus palabras obscenas, sus blasfemias, sus vituperios, sus amenazas enfermizas al pueblo, a sus dirigentes, a la historia patria y a sus símbolos más queridos y representativos; entiendo la defensa de sus refrigeradores abarrotados de alimentos mientras apuestan a fortalecer el bloqueo yanqui, cuando huérfanos y estériles de ideas que defender, cegados de frustración y odios intentan cubrir las redes sociales con su mezcla fétida, podrida y vacía de argumentos ante las ideas que defendemos y enarbolamos con humildad, pero también con la convicción de usar las armas y toda la fuerza que emana del derecho legal de la revolución a defenderse; no solo en esta trinchera de ideas, sino también en la de piedras; -esa también lo aprendimos muy bien a hacerlo; Maceo, Martí, Gómez; Fidel; toda una legión de héroes y mártires que nos enseñan qué hay que hacer en cada momento histórico. Entiendo que ustedes en su intento de manipularnos y engañarnos para ponernos a unos contra otros y así dividir y fracturar la unidad de la nación, han sido a fin de cuentas lo que han sucumbido a la manipulación y al engaño hábilmente planificado por sus amos del norte. La historia vuelve a repetirse, esta vez en forma de farsa; si en abril de 1961 los únicos que creyeron de corazón que el pueblo armado se uniría a la brigada mercenaria desembarcada en bahía de Cochinos para destruir a la Revolución Socialista fueron los propios mercenarios escuchando todo el tiempo radio Swam; ahora ustedes viven dentro de un mito que les ayuda a rumiar fracasos y a sobrellevar mal que bien desengaños, además de pertenecer a una exigua minoría que no tienen base ni apoyo social en el pueblo; solo que aquellos mal nacidos al menos empuñaron un arma contra su país y los de ahora solo saben armar show mediáticos para vivir del negocio de la contrarrevolución; farsa total. Les sugiero que vuelvan de una vez a poner los pies en el suelo aunque esta les sea muy dolorosa; no vaya a ser que confundiendo el «cuento» por la realidad vayan a dar el gran salto tomando las alas del mito recreado para gusto propio y estas se deshagan al contacto ardiente y poderoso de “Ese Sol del Mundo Moral” que cual “estrella que ilumina y mata” fulmina a todos los que intentan ir contra la tierra sagrada; cayendo estrepitosamente como Ícaro al mar.

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