La seguridad informática ¿justificación para impedir el libre acceso de los trabajadores a la información que se genera en internet?



La Habana, 10 de noviembre de 1996; la información es noticia; Cuba accede por primera vez a internet, después de que el régimen de EUA permitiera que la isla se conectara a la red de redes con el fin de utilizar esta herramienta como arma subversiva contra Cuba; pero permite a que Cuba se conecte no por medio de los cables de fibra óptica que enlazan al mundo entero y que pasan cerca de Cuba, la conexión será por vía satélite, siendo la más cara, la más lenta y la de menor capacidad de datos.
En aquella época de fines del siglo XX era una quimera que el cubano promedio accediera a internet; pocos trabajos tenían ese privilegio; se dice que la conexión de todo el país era menos que la de un emblemático hotel de una cadena yanqui, un ejemplo de que Cuba entera se conectaba como un pequeño arroyito campestre al basto océano de la www. Entonces donde existía internet la navegación no podía ser "por la libre", había que utilizar de manera racional y "racionar" el uso de este recurso. Las prohibiciones estaban a la orden del día. La seguridad informática por aquel entonces además de proteger las microcomputadoras de programas malignos y el robo de información velaba porque fuera de estricto cumplimiento las prohibiciones que a la hora de navegar por la internet cualquier trabajador debía de acatar.
Buscando un símil apropiado, la seguridad informática para aquel entonces se parecía a las inexpugnables murallas de La Habana colonial.
Pasaron los años, lentamente Cuba entra a la internet de forma cada vez más masiva. Se implementan las zonas con señal wifi o "waifai", (el cubano entiende perfectamente estas dos palabras) en parques y plazas, así como en los jóven club y centros de etecsa  y otros establecimientos públicos para navegar.
El año pasado (2017) se comienza a llevar internet a los hogares cubanos (antes habían sido a los médicos, científicos, artistas, segmentos muy estrechos de la población cubana). De la astronómica cifra de 4.50 cuc la hora de navegación por internet se rebaja a 2.00 cuc, y en poco tiempo a 1.00 cuc; mientras que la navegación por la intranet (lo generado en Cuba; .cu) cuesta 0.10 centavos la hora; y las 30 horas de la navegación en casa cuesta 15.00 cuc (a 0.50 centavos la hora) esperando los internautas cubanos el ansiado día en que por una tarifa única se pueda tener conexión las 24 horas del día del mes entero.
En todos estos años que hemos ido evolucionando de manera favorable aunque no a la velocidad deseada, gracias al esfuerzo que el Estado y el gobierno le han prestado a la informatización de la sociedad cubana, siendo Fidel el máximo inspirador de un sueño que se hace realidad; todavía quedan "ciertas prohibiciones estatales" que se mantienen en algunas empresas e instituciones estatales cuando de la internet se trata. Nadie sabe porqué sobreviven frente a los cambios.
Parece mentira pero están allí; no hay indicios de que un ángel salvador decrete el fin de tales prohibiciones obsoletas.
Provocaría risa si no fuera tan serio la prohibición de que se acceda a los sitios web generados en Cuba en aquellos lugares donde impera aun la era cenozoica de la informática cubana. ¿Porqué sólo unos escogidos tienen la gracia divina de leer el periódico oficial del PCC, el Granma, o interactuar con uno de los citios digitales cubanos más reconocidos que es Cubadebate; para poner tan solo dos ejemplos; ¿cual es la justificación para mantener como coto cerrado a las demás personas, cual es el miedo?
Si vamos a lo que es internet, navegar fuera de la isla, conectarse con lo que se difunde en el exterior es como decir un cuento de mal gusto; ¡cuidado que te queman en la hoguera por hereje! siendo mucho menor los agraciados; pero con tantos NO que entre el miedo por violar lo establecido y los bloqueos autoimpuestos internos esa útil e impresindible herramienta para el desarrollo no se utiliza al nivel que demanda la sociedad.
  Quienes mantienen esta discriminación aun en contra de la constitución actual y futura; así como de los lineamientos de desarrollo económico y social cubano esgrimen otra de las justificaciones que más laceran a cuálquier trabajador por la carga de cinismo y doble moral que encierra; ese "usted no es confiable para tal cosa", mientras "yo si puedo tocar", tamaña estupidez cuando tanto se ha avanzado en Cuba que conectarse a internet hasta los niños lo hacen como algo normal para que un "estupidosaurio" de algún nivel superior limite el derecho legítimo de las mayorías.
Cuando veo esto diría en buen cubano "me ca... en la madre de la seguridad informática" y estaría pecando de exagerado porque la S. Informática es más que eso; pero siempre queda en la memoria todas esas restricciones que limitan el desarrollo profesional del cubano por conveniencias burocráticas y mentalidades que no están a la altura de estos tiempos.
Sería bueno que esa muralla de La Habana sea demolida cuanto antes; para controlar lo que los usuarios hacen en la red hay técnicas más sútiles que la prohibición de entrar a ella, a fin de cuentas, tal estupidez provoca más problemas que cosas buenas para el país, máxime ahora que conectarse fuera del trabajo ya no es problema, y menos cuando próximamente desde el móvil se acceda a internet. Esta prohibición en todo caso ayuda a los enemigos de la Revolución cubana.
Al parecer no se dan cuenta que internet es una de las más importantes trincheras ideológicas-cultural de la Revolución en la actualidad, donde a camisa quitada se da la confrontación y debate caliente entre defensores y adversarios de la Revolución. No puedo entender que se crea que esta guerra cultural sea ganada nada más que con los generales, en las trincheras la masa de combatientes somos los soldados, sin ellos no podremos desarrollar la ofensiva, y menos cuando por el alto costo que tiene la conexión por hora no pocos revolucionarios se ven impedidos de usarla en mayor medida, sumándole las prohibiciones que estupidosaurios provocan. Creen que los trabajadores no están a la altura de los momentos actuales, cuando en verdad son ellos, los que prohiben los que por su forma de pensar no llegan a la altura que necesita la Revolución, traicionando conciente o inconcientemente las ideas de Fidel.
 

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Entiendo a la contrarrevolución frente a un pueblo disidente de poderes imperiales.